Por peteneras.
Y el rechazo del mundo se abrió paso entre tinieblas de abedules. Lo verde gris, lo marrón árido, la piel desértica y el cabello estropajo. La prepotencia y el ego atormentados, élite de la nada, aguaceros de improperios, dudas dadas. Son vanidosos arcos y nuevos. Con dos flechas que al mismo tiempo disparadas, no aciertan donde apuntan y la velocidad su desatino agrava. Diana que asoma con su huella incrustada, siendo ella sin pretendida fachada. Mejor callar y a semejantes, dejar pasar la marejada. Roto el ambiente, queda expuesta la mecha. Y se prende y la prenden, dejando una chispeante estela. Las mejillas sonrojadas al calor de la vergüenza se desmelenan. Nada quiere y nada entiende de lances intempestivos, ni hirientes. Rota la pompa, abierta la brecha. Nada, nada, nada de nada resulta ser lo que parece o lo que venía pareciendo resultar. Las transparencias, ya por norma, tornan intereses. Y serán las triquiñuelas que conseg...