Por peteneras.

Y el rechazo del mundo se abrió paso entre tinieblas de abedules.

Lo verde gris, lo marrón árido, la piel desértica y el cabello estropajo.

La prepotencia y el ego atormentados, élite de la nada, aguaceros de improperios, dudas dadas.

Son vanidosos arcos y nuevos. Con dos flechas que al mismo tiempo disparadas, no aciertan donde apuntan y la velocidad su desatino agrava.

Diana que asoma con su huella incrustada, siendo ella sin pretendida fachada.

Mejor callar y a semejantes, dejar pasar la marejada.

Roto el ambiente, queda expuesta la mecha.

Y se prende y la prenden, dejando una chispeante estela. Las mejillas sonrojadas al calor de la vergüenza se desmelenan.

Nada quiere y nada entiende de lances intempestivos, ni hirientes.

Rota la pompa, abierta la brecha.

Nada, nada, nada de nada resulta ser lo que parece o lo que venía pareciendo resultar. Las transparencias, ya por norma, tornan intereses.
Y serán las triquiñuelas que conseguiste desnudarle al destino, las que revelen por donde viene el sibilino silbido.

Que quizá fuiste dardo sin quererlo ni imaginarlo y eso se paga con la yaga abierta.

Pues si dos duros no son suficientes, que se queden con la saca entera. Pues nunca fue mi propósito ninguna moneda.

Yo me quedo con mi yo, que no es poca la doma que conlleva. Y con los que siento cerca.

Pues no habrá días para que se me tuerza hoy la velada por un cante por peteneras.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Todo mío, lista para saborear.

"Dos"

Una carta en una ola de calor.