"Vides"
Era atravesar el oscuro cristal de aquella botella y darse de bruces con su contenido, allí estaba él. Curtido por los años, la tierra, el sol, las epidemias y acicalado por el amor incondicional de Elisenda. Aquella noche al alba, como todas las noches, se había despedido de ella. Ahora se precipitaba sin prisas a por el azadón y demás útiles. Atesoraba su media fanega; después de la muerte de padre y tras el reparto de la herencia, había conseguido hacerse con las tierras surcadas por aquel pequeño afluente. El alborozo de sus aguas desprendía todas las sensaciones que le recordaban a uno que estaba vivo, vida. Estaría allí de sol a sol, el tiempo quedaba medido por el tañir de las campanas del monasterio aledaño. Los monjes aireaban a los cuatro vientos sus rutinas y quehaceres, haciéndolas repicar cada tres horas. La prima sonó a las seis, ya deberían ser las nueve de la mañana, sonaba la tercia. En primavera era el tiempo de vigilar el cereal para que lo...