Todo mío, lista para saborear.

 

Te cuento pues, a mi entender y a mi sentir. No te lo podría contar de otra manera.

Que pasa la vida, ya lo sabes, experiencias, circunstancias. Vives. Y en el durante vas fabricando herramientas con las que surcarlas. Atraviesas lo que sucede en pro de la mejor de las experiencias. La gran búsqueda de la felicidad.

Ya a cierta altura tienes muchas maneras de hacerlo y las más valiosas comienzas a perfeccionarlas. El continuo devenir del tiempo te enseña tantas cosas y sin cesar. No hay tregua para los valientes, arrojados y kamikazes del sentir.
Los demás no, esos viven con los hilos del ser engarrotados, los quiebros del vivir entumecidos. 

Y es que en ningún momento dejan de sucederse las situaciones, las personas. Para regocijo del destino nunca conjugadas de la misma manera.

Tan sólo hay que contar con la paciencia necesaria hasta llegar al momento en que la maestría comience su despertar y con él la capacidad de disfrutar y vivir con intensidad aquello que emociona, sin cortapisas, ni las propias, ni las ajenas. Han existido ambas, antes, sin lugar a dudas, pero ya quedaron atrás.

Saboreas las emociones sin discriminación, ahí es donde está el secreto de la felicidad, cuando abrazas por igual  con la misma ternura e intensidad tu miedos y tristezas, tus anhelos y desengaños que tu felicidad, tu ilusión y tu entusiasmo. No hay castigo para ningún sentir, al fin y al cabo de eso se ha tratado siempre la aventura esta de estar viva.

Me enjugo los labios en un "te quiero" sin respuesta, sin certeza alguna de recibirlo a cambio, sin esperarlo si quiera. Sentir el vértigo y soltar. Y con las mismas saboreo la sal de unas lágrimas derramadas con la dulzura punzante de un pellizco en el corazón.

Es todo mío, mis emociones, mis "te quiero", mi ilusión, mis lágrimas, mis desengaños.
Y si es todo mío... ¿Qué quieres que te diga? es toda una explosión de sabor.

No apto para cualquier paladar.

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