"Dentro"


"...Una brisa de aire distinta, densa, presagió por unos segundos algún tipo de peligro o desdicha.

Al tiempo que desechaba aquella temerosa idea, el pez abrió su enorme boca y la engulló.

Y allí estaba, engullida. Para comprobar que era un sueño se pellizcaba los brazos. No por ello despertó. Se puso a pasear, la superficie blanda y pegajosa, la lengua. Todo muy real, pero no podía ser. El vaivén, el movimiento de los músculos, el olor a mar que venía de aquel túnel con apariencia de garganta. Las paredes eran viscosas, los dientes.

¡Que sí! ¡que estaba dentro de un pez!

No podía ser, ¿hasta dónde iba a llegar la broma? Muy conseguida, por cierto. Mucho la tenían que querer para tomarse tantas molestias.

Pero... aun así, no se atrevía a gritar. Sabía que aquello por mucho que lo negara estaba ocurriendo.

Temía importunar a aquel animal y en el peor de los casos interrumpir su digestión.

Comenzó a notar la presión, supuso que el pez se sumergía más y más en las profundidades oscuras del mar. Y que por lo tanto se alejaba de la costa, de la orilla, de su sombrilla y su cesta de mimbre de la playa. De su coche, de su casa, de su familia, de sus amigos, de su trabajo, de su vida.

Y aún desde allí, desde la penumbra de aquel animal, desde las entrañas de otro ser, veía el esquema de su vida. Resulta que desde lejos se ve todo mejor.

Desde aquella distancia podía observar perfectamente lo que hacía y lo que no, lo que quería, lo que le gustaba, lo que se había negado a reconocer que buscaba.

Desde las entrañas de aquel animal se sentó a ver las suyas propias.

De pronto turbulencias, ¡pero bueno! ¿Es que hay baches en el mar? Tal vez rotondas. Reía a carcajadas. Pero reía sola. Su risa retumbó en aquella cavidad, tantas veces... Una y otra vez hasta el punto de hacerla sentir ridícula.

¡Ya lo tenía! ¡Que sí! ¡Que sí! Había sido aquel tipo, el del parking del chiringuito, el que le había asegurado que en aquel hueco el coche estaría a la sombra todo el día.

Nunca sabría cómo, ni por qué, pero aquel tipejo le había puesto un alucinógeno en la bebida, qué si no.

"Ya hemos llegado" ¿un pez con megafonía? ¿Acaso era un pabellón temático? No hubo tiempo para descifrar el verdadero significado de aquellas palabras, no hubo espacio para la ronda de preguntas.

Aquellas enormes mandíbulas viscosas y... y... ¡feas! ¡sí! ¡feas! comenzaron a desplazarse.

El aire se movía, el vacío salía y entraba una bocanada de agua, agua salada. Por todos los recovecos, a toda velocidad, con prisa y revuelo. Aturdida notó cómo sus pies dejaban de tocar el suelo, intentaba mantenerse a flote, a salvo. Su cabeza chocaba ya contra el techo de aquella cueva con vida.

Comenzó a bucear entre burbujas y desperdicios que salían del túnel.

Vio un haz de luz, no fue necesario un gran esfuerzo desplazarse hacia ella, la corriente le llevaba. De repente no estaba segura de querer ir hacia allí, ¿qué había? ¿qué era?

Imposible negarse, un rasguño. Sintió cómo un diente afilado le rasgaba la piel, estaba saliendo de las fauces de aquel animal.

Un remolino la atrapó, agua, espuma, arena. Rodaba, giraba sobre sí misma. Notó el aire en la cara, abrió la boca, no le dio tiempo, tragó agua. Agua en la garganta. Necesitaba oxígeno, contra su voluntad aspiró por la nariz, entró más agua. La arena en la cara, entonces apoyó las manos. Perdió el contacto con el suelo, los pulmones llenos de agua. Rozó la arena con la espalda, apoyó de nuevo las manos, abrió la boca. Agua salada. La ola la volvió a arrastrar. Una vez, otra vez.

Y entonces... nada. Oscuridad y silencio..."

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