Amargo


Amargo dolor el que se cierne sobre el que recibe un gris que no espera, un tinte morado que sigiloso se desliza por las paredes y ensombrece a las mismísimas tinieblas, estancias estancas inundadas de tintes indelebles.

Una guillotina corta lazos de seda. Se deslizan los principios o finales, ¿cuál es la diferencia?, sesgados con un soplo de silencio, un susurro al viento, apenas nada. El delicado truncar de las esperanzas que ni tan siquiera resuellan.

¿Y todo porque las cosas no son como uno espera?

Me da por pensar, la idea es salir corriendo.

Hacia un nunca jamás despavorido, para luego pretender nunca jamás volver. Y a fin de cuentas acabar volviendo. Pues somos lo que quienes ni más ni menos fuimos. Tal vez el espejismo del deber el que nos llama una y otra vez, una y otra vez. Persistente el ser y acabar siendo. Todo es uno y en dos pasa la vida.

No se puede regresar sin saber de dónde se viene, por dónde se ha venido. Qué altura de la travesía refieres, si no sabes cuánto queda, cuánto de cuánto ya llevas.

Las olas embisten contra el casco del navío que aunque resquebrajado aún me sostiene. Humanos, simples personas ante tanta inmensidad, no son más, recipientes que hacen agua a destajo. Una  ínfima parte de todo, de nada. De la vida, de un principio y de un final.

El tiempo la medida de todas las cosas, cuánto hace, cuánto dura, cuándo empieza, cuándo acaba.

Numéricas son las coordenadas de las que me sirvo para colgar la ya rancia esperanza, el dolor. Y que todo acabe, que algo empiece, que la ilusión eche raíces, sembrar la semilla de un proyecto propio, que dejen de pasar los días lacios de desdén y de ganas, mustios de ilusión, inflados con la pantomima. Y a ver si así de nuevo atinas.

Algo, un algo, ese algo, por el que seguir, por el que esbozar una sonrisa rendida y descubierta, desmaquillada el alma y las razones. Iluminar el camino con los ojos llenos de vida cual faro de Alejandría allá en la madrugada caduca, lejana, añorada por lo desconocida.

Ancestrales pensamientos, dueños del pasado antaño. Desórdenes de la maraña mía.

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