En la cocina III


Aquella mañana parecía que todo cambiaría, aunque nunca albergó aquella esperanza, ni la esperaba, ni tan siquiera era algo que añorase.
 
Pero aquella mañana parecía nueva, tan luminosa y limpia. El cielo despejado y azul, ni una sola nube. Las plantas verdes, la tierra marrón, el sol amarillo con su luz blanca.
Todo archiconocido y sin embargo esa sensación de nuevo. Tal vez por el día tan gris que había precedido a aquella mañana tan usual, parecía ésta nueva y distinta.

Las cosas eran tal y como habían ocurrido y según los actores y factores, circunstancias y evoluciones, ya fuesen individuales o grupales, voluntarias o de abnegado desconocimiento, todas juntas y tras la suma, resta, multiplicación y división que cada par aplicaba al resto, por cercanía en el tiempo, por similitud o disparidad… las cosas eran tal y cómo habían sido y además cabe afirmar que no podrían haber sido de otra manera.

Aparcó todos aquellas ideas y automatizó sus sentidos en pro de sus quehaceres culinarios. Para qué… por qué no… Y apagando la luz, cerró la puerta de aquellos pensamientos tras sus pasos.
 
Eran ya muchos los invitados que habían hecho acto de presencia, todos con una cerveza o una copa de vino en la mano, degustando la variedad de entrantes que había preparado sacando ideas de internet, "fáciles y ricas". Esas fueron al menos las directrices que le dictó al buscador.
Con algo había que entretener a aquellos paladares despiertos y curiosos que ansiaban en silencio nuevas experiencias.
Casi podía imaginar el revuelo de neuronas en cada cerebro, recordando capítulos de la infancia y la adolescencia. Y entre los olores del pasado, sus gustos y también sus sinsabores, sus entremeses.

Todo estaba preparado con cariño y dedicación, todo estaba dispuesto para que el tiempo fuera empeñado a cambio de los momentos atesorados en la memoria de cada uno.

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