Parando el tiempo

Intuí que había abierto una puerta nueva para mí. Lo podría expresar de otra manera. Aún no sé cómo, había hecho clic. Había encendido un nuevo haz de luz, arrojando así color, forma, partículas en definitiva, que al contacto iluminan ideas.

Se me antoja que unos grandes engranajes, universales pongamos que son, se muestran ante mí. Los veo yo.

Engranajes del tiempo que girando unos con otros entrelazados hacen pasar los días, correr las horas, precipitarse los segundos. Unos tras otros sin remisión, sin cuestionarse.

Pero...¿y si no giran por sí solos? ¿Y si es cada quien el que los hace girar?
Si no a cuenta de qué esa conversación reveladora, cuando a uno le da la impresión que el tiempo vuela, el otro afirma que el día se está haciendo interminable.
No es tan universal el tiempo.

Luego andamos en la tarea de sincronizarlo por aquello de coincidir para tomarnos una cerveza en un mismo momento. O poder concretar a qué hora se desató el drama.

Pues os cuento que anduve por los engranajes, por las horas y los días. Estaba en un llamado jueves y encaminé mis pasos hacia un lunes pasado, que volví por un instante presente. Y un domingo futuro, que se volvió un ahora.

Y sin varita mágica, pues cierto es que así lo siento, que siempre fue así, aunque hasta ahora fui incapaz de verlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Todo mío, lista para saborear.

"Dos"

Una carta en una ola de calor.