Retazos.
Despierta el interés en mi memoria por recuperar capítulos del pasado. En seguida se me pasan las ganas. Qué pereza. No hay nada que hacer para cambiarlo.
Tanto sin embargo por crear una nueva historia, algo que realmente descubra nuevos cursos, nuevos senderos, formas y hasta nuevos colores.
Pintar con distintas brochas cada momento del día. Difuminados amarillos que enternecen, vivos turquesas que abren el apetito de par en par. Hambre de vida, de sentimientos. Los poros de la piel despiertos, de par en par abiertos.
Sin estado de necesidad, ni juicio alguno, la belleza lo inunda todo. Hasta a la "soledad", tan injustamente maltratada siempre es tan rica y bella como la más rica y bella de las compañías.
Cuando disfrutas la soledad...Umm... Entonces! Entonces tu vida es tuya y de nadie más!
Construir la vida con las manos. Metiendo los dedos entre la arena, para dejarla escapar, como el tiempo hace cada día.
Una piedra sobre otra, labrar la tierra y sembrar las semillas, el fruto que esté por llegar será el pan de cada día. ¿Duro y satisfactorio es suficiente para ganarle la batalla a lo fácil e insípido? No lo sé, la verdad es que no lo sé.
Será cuestión de comprobarlo.
Binomios anquilosados en el tiempo, obsoletos por propio derecho.
Se me antoja inventar, construir, hacer, fabricar, fraguar, tu casa, tu alimento, tu vida. No pala a pala, ni de sol a sol, tampoco pensamiento a pensamiento.
Algo nuevo y revolucionario. Inventar y crear a momentos, aliados con el sol y el sentir, sin lamentos. Sin miedo, ningún miedo. Eso no puede ser malo sólo porque algunos lo dijeron.
Soy una romántica de la vida, una soñadora en las nubes ¿o no?
¡Lo veo! Y cuando lo veo... siento que vuelvo a mis raíces, al lugar de donde procedo.
¡Generaciones vagando y fui yo! ¡Seré yo la que finalmente acabe inventando el valor de reconocer el sendero!.
Allende el horizonte,
navegando mares de vientos,
tempestades de días,
inunde el sol mi mañana,
mientras disfruto de la vida.
Se acabó aquello de andar anillando aves del mismo paraíso. Anillando aves te digo.
Allí estábamos cuando me encontré. Moribunda entré pesares y aciertos.
Campos sembrados de avena. Flecos verdes de un inmenso manto aterciopelado. El ganado, imperturbable, escudriñan su textura y no hay otra cosa que hacer al paso de las horas, que ver las nubes seguir el empuje del viento y al sol deslizarse en su obligada caída. Los campos, sus lindes, en un intento vano de separar intereses en tiempos de paz, que avistando remolinos de luchas y tempestades de propiedad echan a temblar sus hincos y se doblegan con facilidad al nuevo postor.
No son nada, un pequeño intento de poseer, una sinrazón.
¿Qué poder doblega a otro? Primero el tiempo, el valor del pobre. El dinero, el valor del rico. La fuerza, el valor del aguerrido. Y una y otra vez más cambiaran de mano y trato.
Y estando en solventar un mar de dudas, veníanse a mi mente tantas opciones mezcladas con recuerdos, incluso con pensares ajenos. Hacíase todo una bola en la boca del estómago del pensamiento.
Tanto era así que siempre acababa no haciendo aquella digestión de ideas y aderezos. Echarse una siesta o mejor aún seguir cocinando y comiendo.
Algún día vomitaría el concluir de aquello. Quizás fuera una digestión interminable, un banquete eterno.
Fuera lo que fuere, era cuestión de tiempo.
Mañana por la mañana nos vamos de excursión y a ver qué pasa con las mochilas y todo el equipaje. No tenemos una zona segura donde dejarlo todo mientras exploramos la montaña de cabo a rabo. Pero ya pensaremos en eso más tarde. Ahora tomemos una copa y olvidemos todas las preocupaciones.
Tanto sin embargo por crear una nueva historia, algo que realmente descubra nuevos cursos, nuevos senderos, formas y hasta nuevos colores.
Pintar con distintas brochas cada momento del día. Difuminados amarillos que enternecen, vivos turquesas que abren el apetito de par en par. Hambre de vida, de sentimientos. Los poros de la piel despiertos, de par en par abiertos.
Sin estado de necesidad, ni juicio alguno, la belleza lo inunda todo. Hasta a la "soledad", tan injustamente maltratada siempre es tan rica y bella como la más rica y bella de las compañías.
Cuando disfrutas la soledad...Umm... Entonces! Entonces tu vida es tuya y de nadie más!
Construir la vida con las manos. Metiendo los dedos entre la arena, para dejarla escapar, como el tiempo hace cada día.
Una piedra sobre otra, labrar la tierra y sembrar las semillas, el fruto que esté por llegar será el pan de cada día. ¿Duro y satisfactorio es suficiente para ganarle la batalla a lo fácil e insípido? No lo sé, la verdad es que no lo sé.
Será cuestión de comprobarlo.
Binomios anquilosados en el tiempo, obsoletos por propio derecho.
Se me antoja inventar, construir, hacer, fabricar, fraguar, tu casa, tu alimento, tu vida. No pala a pala, ni de sol a sol, tampoco pensamiento a pensamiento.
Algo nuevo y revolucionario. Inventar y crear a momentos, aliados con el sol y el sentir, sin lamentos. Sin miedo, ningún miedo. Eso no puede ser malo sólo porque algunos lo dijeron.
Soy una romántica de la vida, una soñadora en las nubes ¿o no?
¡Lo veo! Y cuando lo veo... siento que vuelvo a mis raíces, al lugar de donde procedo.
¡Generaciones vagando y fui yo! ¡Seré yo la que finalmente acabe inventando el valor de reconocer el sendero!.
Allende el horizonte,
navegando mares de vientos,
tempestades de días,
inunde el sol mi mañana,
mientras disfruto de la vida.
Se acabó aquello de andar anillando aves del mismo paraíso. Anillando aves te digo.
Allí estábamos cuando me encontré. Moribunda entré pesares y aciertos.
Campos sembrados de avena. Flecos verdes de un inmenso manto aterciopelado. El ganado, imperturbable, escudriñan su textura y no hay otra cosa que hacer al paso de las horas, que ver las nubes seguir el empuje del viento y al sol deslizarse en su obligada caída. Los campos, sus lindes, en un intento vano de separar intereses en tiempos de paz, que avistando remolinos de luchas y tempestades de propiedad echan a temblar sus hincos y se doblegan con facilidad al nuevo postor.
No son nada, un pequeño intento de poseer, una sinrazón.
¿Qué poder doblega a otro? Primero el tiempo, el valor del pobre. El dinero, el valor del rico. La fuerza, el valor del aguerrido. Y una y otra vez más cambiaran de mano y trato.
Y estando en solventar un mar de dudas, veníanse a mi mente tantas opciones mezcladas con recuerdos, incluso con pensares ajenos. Hacíase todo una bola en la boca del estómago del pensamiento.
Tanto era así que siempre acababa no haciendo aquella digestión de ideas y aderezos. Echarse una siesta o mejor aún seguir cocinando y comiendo.
Algún día vomitaría el concluir de aquello. Quizás fuera una digestión interminable, un banquete eterno.
Fuera lo que fuere, era cuestión de tiempo.
Mañana por la mañana nos vamos de excursión y a ver qué pasa con las mochilas y todo el equipaje. No tenemos una zona segura donde dejarlo todo mientras exploramos la montaña de cabo a rabo. Pero ya pensaremos en eso más tarde. Ahora tomemos una copa y olvidemos todas las preocupaciones.
Comentarios
Publicar un comentario